Un 11 de septiembre.

Quienes ya llevamos más de medio cuarto de siglo de vida –y algunos un poco más– recordamos con claridad aquel día en que el mundo cambió. No porque ese día hubiéramos descubierto la violencia, tan arraigada en la historia de la humanidad, sino porque nos hicimos conscientes, en vivo y en directo, de lo vulnerables que somos frente a los odios, los miedos, las creencias y los autoritarismos de otros.

He dicho muchas veces que el 11 de septiembre transformó al mundo en muchos aspectos: en lo legal, en la seguridad, en la forma de viajar, en los temores y hasta en la manera de enfermar. Ese día el planeta entero se unió en un mismo abrazo y dijimos “¡basta!”. Pero después lo olvidamos. La rutina fue envolviendo aquel horror en conmemoraciones, memoriales y publicaciones cada aniversario, mientras la mayoría seguimos con el mismo ritmo de siempre.

El mundo volvió a cambiar

Diecinueve años más tarde, el mundo volvió a cambiar. Esta vez, no por el odio ni por aviones cargados de dolor, sino por un virus microscópico que entraba al cuerpo de la forma más sencilla. Una pandemia moderna que nos recordó, de nuevo, lo frágiles que somos, lo distantes que estábamos y lo fríos que nos habíamos vuelto. Y otra vez repetimos: “de esto saldremos más unidos y fortalecidos”. Sin embargo, también lo olvidamos. La prisa, las redes sociales y el afán nos devolvieron a la crudeza de lo cotidiano.

Y es que cada vez que algo así ocurre, el mundo entero mira hacia afuera buscando explicaciones, responsables o nuevas reglas para sentir seguridad. Sin embargo, pasado el impacto inicial, volvemos a comprobar que ninguna ley, frontera o medida externa logra sostener un verdadero cambio si dentro de nosotros seguimos siendo los mismos. Allí es donde nace la invitación más profunda: dejar de esperar que los grandes sucesos motiven y transformen nuestra vida y empezar a recordar que la transformación real comienza en nuestro interior.

El verdadero cambio no viene de afuera…

comienza en tu interior

Como escribí en mi primer libro: no necesitas atravesar una “crisis dramática” para despertar; basta con elegirlo.

Hoy, 11 de septiembre, es un día triste para la memoria del mundo. Pero también es un día para celebrar la vida, para agradecer que seguimos aquí, más allá de las dificultades. Porque el poder de cambiar tu vida –y tal vez hasta un pedacito del mundo– no requiere atravesar la noche oscura del alma. Solo requiere que decidas salir, abrir el corazón… y ser feliz.

Recuerda, no necesitas atravesar una crisis dramática para despertar; basta con elegirlo

Cuéntame, ¿y tú cómo lo viviste?

¿Ese día cambió tu vida de alguna manera?

Te leo en los comentarios…