Un nuevo amanecer

Hay días en los que abres los ojos y descubres que todo ha cambiado.


Ha cambiado el silencio, ha cambiado la playlist, han cambiado tus motivos de desvelo… incluso tus ganas de crecer.

A veces la vida te muestra que el rompecabezas que tanto tiempo pasaste armando ya está completo, y el Universo —con su sentido del humor y su infinita sabiduría— te entrega uno nuevo para que vuelvas a jugar, a descubrir, a crear.

El cambio no siempre avisa.

El cambio (felizmente) no siempre avisa.

En ese instante, solo queda agradecer el pasado:
cada momento, cada situación, cada espina, puñal y dolor…
pero también cada vez que decidiste levantarte,
cada vez que elegiste ver más allá de la adversidad,
cada vez que caminaste incluso en medio de la noche oscura del alma.

También agradeces porque, aun sin esperanza, no dejaste de soñar, de pedir, de buscar.
Te agradeces porque te conociste en algunos sentidos —y sabes que aún faltan otros por descubrir—.
Te agradeces porque, a pesar del miedo y la incertidumbre,

te estás dando la oportunidad de jugar con el nuevo rompecabezas que la vida te presenta.

El cambio no siempre avisa, pero llega con regalos escondidos: aprendizajes, personas, nuevas versiones de ti misma.
Todo se transforma, y tú también.

Y tú…
¿Qué haces cada día para vivir los cambios que te sorprenden?
¿Los recibes o los rechazas?

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